Los implantes dentales se colocan dentro de la encía para que sirvan de soporte para la prótesis que se colocará posteriormente, por lo que es necesario una pequeña intervención quirúrgica sin mayor complejidad.

La metodología puede variar de unas clínicas a otras, aunque todas siguen el mismo protocolo, y la técnica utilizada varía también en función del número de implantes y del paciente en concreto ya que cada caso es diferente del anterior y del siguiente.

La fijación de implantes convencional se puede realizar de dos maneras:

  1. En dos fases
  2. En una fase

Si el implante se coloca en dos fases, en una primera se inserta dentro de la encía de manera que queda totalmente cubierto por ésta y se deja durante unas semanas para que se vaya produciendo el proceso de osteointegración.

Tras el paso de las semanas posteriores, cuyo número variará en función de cada caso concreto, se realiza una incisión no demasiado grande en la encía y se coloca el pilar que sobresaldrá de la encía y que servirá para la fijación de la prótesis que se colocará posteriormente.

Por otro lado, lo más habitual hoy en día es realizar la fijación del implante en una sola fase. Para ello a la vez que se coloca el implante en la encía se añade el componente de conexión con la futura prótesis, que sobresale a la encía, y que recibe el nombre de pilar transepitelial o de cicatrización.

De esta manera se consigue simplificar el proceso y evitar que el paciente tenga que acudir en dos sesiones diferentes para la fijación de un mismo implante.

Posteriormente, y una vez que el implante está totalmente adaptado al organismo del paciente se procede a la colocación de la prótesis definitiva con lo que se consigue el efecto estético y funcional deseado.

Hoy en día, sin embargo, también existe la posibilidad de fijar los implantes y la prótesis en la misma sesión, dejando que el proceso de osteointegración se realice de manera dinámica, aunque en este caso suele haber un ratio más elevado de fracaso.